
Tras la firma del Tratado Naval de Washington, Francia obtuvo el derecho a construir nuevos acorazados para sustituir a los antiguos. En la década de 1920 se inició el diseño de una nueva clase de buques, que, en función de sus características, podrían clasificarse como cruceros de batalla o grandes cruceros. El primer proyecto de un buque de este tipo fue un crucero con un desplazamiento de 17.500 toneladas, armado con ocho cañones de 305 mm en dos torretas de cuatro cañones.