En los años 40 y 50 se barajó la opción de transformar los acorazados de la clase Iowa en híbridos acorazados-portaaviones. Para ello, sería necesario instalar una cubierta de vuelo de al menos 350 pies de largo y preservar la potencia de combate del buque. Ambos requisitos se podrían cumplir reubicando la tercera torreta en la popa del buque y sustituyéndola por una torreta de dos cañones para compensar el peso.