El programa de desarrollo de la Armada Soviética incluía la construcción de grandes destructores con capacidad para navegar en alta mar. Tras haber decidido aprovechar la experiencia extranjera, la Unión Soviética envió una delegación a los EE. UU. en 1939. Una empresa llamada Gibbs & Cox propuso un diseño de destructor basado en la clase Mahan, pero el gobierno estadounidense prohibió que se compartiera cierta tecnología con la URSS. La propuesta de la empresa sentó las bases para el Proyecto 35, en virtud del cual se deberían haber puesto en grada dos buques en 1941; sin embargo, el estallido de la guerra interrumpió el proceso de construcción.