
La experiencia adquirida con los acorazados al comienzo de la Segunda Guerra Mundial impulsó una revisión de los buques en construcción. Era necesario mejorar el blindaje horizontal manteniendo el calado en 11,5 m para operaciones en las aguas poco profundas del Mar del Norte. El nuevo diseño incorporó un triple fondo y una mayor cantidad de compartimentos estancos para mejorar la protección contra explosiones submarinas. El armamento principal se modernizó con doce cañones de 420 mm. Estaba previsto poner en quilla buques con el nuevo diseño en 1942, pero las necesidades de construcción de la Armada se reorientaron hacia los submarinos y ya no se construyeron nuevos acorazados.